psicoterapia para adolescentes

La adolescencia es una fase llena de descubrimientos, nuevos aprendizajes y muchos conflictos. Los adolescentes suelen vivir en un mundo diferente y a menudo entran en un curso de colisión con sus padres.

Pero no siempre tiene que ser así: en este artículo mostraremos que es posible establecer una buena relación entre los adolescentes y los padres en esta época tan importante de la vida. Sin embargo, cuando la relación se hace muy difícil o se manifiestan trastornos emocionales en la convivencia, vale la pena buscar la ayuda de un psicólogo.

La adolescencia es una fase difícil. Difícil para todos: para los padres, que no entienden muchas cosas y, por consiguiente, no saben cómo manejar las situaciones cotidianas.

Para los parientes, que tampoco entienden las razones de tal comportamiento. Y especialmente para el adolescente mismo, que está pasando por una transformación en la vida que no siempre ocurre con calma – tampoco entendiendo exactamente lo que está pasando.

En la oficina, la mayor demanda de atención psicológica para los adolescentes la hacen sus padres/tutores.

Esto es comprensible porque son tal vez las personas más cercanas en la convivencia y, por lo tanto, también necesitan orientación para saber cómo abordar esta fase de

1. Padres e hijos adolescentes: ¿cómo cuidar esta delicada relación?

La llegada de un bebé a la casa de una pareja es uno de los momentos más felices de la vida. Tener hijos en casa es un trabajo duro, pero también es muy divertido. Pero, ¿qué pasará cuando crezcan?

La convivencia entre padres e hijos adolescentes es, como mínimo, compleja. Se necesita paciencia, una buena dosis de sabiduría y mucha sensibilidad para vivir esta experiencia sin traumas y con la certeza de que pronto serán adultos y preferiblemente sanos emocionalmente.

En este viaje, la ayuda de un psicólogo puede marcar la diferencia. Entienda, en el siguiente texto, cómo funciona todo esto.

La adolescencia es, sobre todo, un período de autoafirmación y de aceptación de los cambios radicales que se producen en el cuerpo y en los sentimientos.

Es el momento de experimentar una mayor ansiedad e incluso de rebelarse en algunos casos, para ir en busca del equilibrio y la toma de decisiones, que hasta entonces eran un privilegio de los padres.

Todo esto llega a la vida del adolescente generando mucha incomodidad e inseguridad.

2. Psicoterapia para adolescentes

La psicoterapia de la adolescencia parte del principio de que el paciente se inserta en un mundo al que ha llegado a pertenecer y desea tener su espacio, y luego busca comprender las relaciones que se han establecido a lo largo de su vida hasta llegar a la etapa de la adolescencia.

La relación terapeuta-adolescente comienza a establecerse desde la primera sesión, cuando se aclara el contrato y, sobre todo, se asegura al paciente el secreto absoluto sobre lo que se discute en las consultas.

Desde el momento en que el adolescente se siente seguro y empieza a confiar en el terapeuta, el proceso psicoterapéutico comienza a suceder con fluidez.

La participación de los padres/tutores es de gran importancia para la mejora y/o cambios del adolescente, incluso, las reuniones con el terapeuta tienen el objetivo de orientarlos en relación con el paciente

3. Fase de oposición

Las preguntas de los más jóvenes suelen generar conflictos familiares. Los adolescentes necesitan afirmación y quieren demostrar que los valores aprendidos hasta ahora tienen sentido en sus vidas. Como resultado, a menudo chocan con sus padres.

Otro motivo de desacuerdo es la cuestión de la autoridad. ¿Quién tiene más autoridad en esta relación? ¿Quién debe someterse a ella y por qué razones? Sumisión es una palabra difícil en el vocabulario de los adolescentes y genera cuestionamientos y enfrentamientos todo el tiempo.

Lo importante es no culpar a ninguna de las partes por las transformaciones que son relevantes para esta fase de la vida. Las diferencias deben ser tratadas con amor, paciencia y mucho diálogo. No hay otra manera.

4. Los adolescentes son niños y adultos al mismo tiempo

Para los padres, los conflictos permanecen – sí, «mi hijo ha crecido y ya no me necesita tanto»! – y la duda sobre cuánto establecer límites y cómo romper la barrera invisible que impide una coexistencia más estrecha.

El gran desafío es lograr -y aquí la presencia de un psicólogo puede facilitar mucho más- equilibrar el tratamiento que se da a los niños en esta etapa de la vida, enfrentándolos como adultos que se están convirtiendo, incluso sin tener aún la madurez deseada, y cuidándolos como niños que aún son, especialmente en el aspecto emocional.

No hay una receta lista para usar en el 100% de los casos. Después de todo, todo dependerá mucho de las personalidades, tanto de los padres como de los hijos, y de la calidad de la relación que se ha establecido entre las partes desde el nacimiento del niño.

Sin embargo, la psicología cree que hay algunos ingredientes que funcionan para todos. Son: el diálogo permanente, el afecto mutuo, la determinación de hacerlo bien, el amor, la paciencia y, sobre todo, la certeza de que esta fase pasa. Puede que lleve un tiempo, pero pasará

La percepción de los padres es que, durante la adolescencia, sus hijos viven en un mundo diferente, aislado y distante del suyo. Y esto es en parte cierto. De esta manera, los responsables (padres, abuelos y hermanos mayores) necesitan acceder a este mundo y la clave para ello es la comunicación.

Cara a cara, por tickets, mensajes en redes sociales o señales de humo, no importa. Todos los canales de comunicación con los adolescentes son válidos y tienen efectos positivos si se utilizan sobre la base de la comprensión, la resistencia, la empatía y la persistencia.

5. Fortalecimiento de la relación entre los adolescentes y los padres

El diálogo es la mejor forma de entendimiento entre padres e hijos. No tiene sentido decir que ya has pasado por las mismas situaciones o que «mi tiempo era así o estaba cocido». Esta comparación sólo revuelve aún más al adolescente, que sin duda dirá que los tiempos eran diferentes.

El diálogo entre padres y adolescentes debe llevar a los niños a reflexionar sobre la vida, ayudarlos y guiarlos para que tomen sus propias decisiones.

La aceptación de las nuevas situaciones que surgen durante este período también contribuye a una relación más sana. Los padres deben estar preparados y conscientes de que sus hijos están empezando a volar. Recordando siempre que educar es darles alas para volar y también raíces para que, si lo necesitan, tengan un lugar al que volver.

El hecho de que empiecen a salir juntos, por ejemplo, no significa que hayan dejado de querer a sus padres y es sólo una consecuencia natural de la adolescencia. Poner obstáculos en el camino y meterse en la relación los alejará aún más.

Protección, sí. ¡Obstáculos, no!

Los padres deben participar en este momento, conocer y relacionarse con la novia y los amigos de su hijo estableciendo límites que sean protectores y no obstáculos. Y, también, dar una orientación amorosa sobre el cuidado que se debe tener en un noviazgo adolescente y ser consciente de los lugares que frecuentan.

La imagen de héroe que su hijo tenía de usted cuando era niño comienza a desmoronarse en la adolescencia. Empieza a darse cuenta de que tú también tienes defectos, debilidades y limitaciones. Sé auténtico, actúa con naturalidad, asume tus limitaciones y demuestra tus emociones. Esto despertará su confianza en ti. Hable mucho con su hijo sobre cómo se siente e intente conducir sus emociones de forma constructiva.

Un consejo más importante: la palabra de un padre debe ser reforzada por la actitud. Por lo tanto, actúa de acuerdo con lo que dices. Esto le dará credibilidad y su hijo seguirá su ejemplo.

6. Razones principales para buscar la terapia para adolescentes

Los problemas más comunes reportados en la oficina (aunque es necesario analizar caso por caso y no ser exhaustivo):

  • Consumo de drogas: en este caso intervienen muchas reglas sociales y culturales, incluido el aprendizaje a través de modelos en el hogar, como cuando un familiar sufre algún tipo de dependencia, y también las propias sensaciones fisiológicas causadas por una determinada sustancia;
  • Sexualidad: los problemas sexuales suelen incluir un embarazo no planificado o la aparición de una relación homosexual, por ejemplo;
  • Falta de orientación vocacional: se aproxima la educación secundaria y es difícil descubrir una vocación en el mercado laboral, lo que también aumenta la presión para que se haga una elección;
  • Dificultad para independizarse de los padres: hasta esta etapa de la vida (la infancia), era parte de tener a los padres siempre cerca para resolver los problemas y asegurarte que todo se resolvería, pero ahora (la adolescencia), ¿qué cambia?

Se espera que a partir de la terapia, el adolescente aprenda algunas conductas que le ayuden a enfrentar situaciones que hasta entonces no había experimentado, por ejemplo, el terapeuta podrá enseñarle a mirar lo que le sucede a él y a su alrededor desde una perspectiva «diferente».

A partir de las conversaciones y análisis de los episodios en sesión, se estima que el paciente practica las actitudes discutidas fuera del consultorio y tiene más control sobre su comportamiento (actitudes, sentimientos, pensamientos, entre otros), llegando a la edad adulta de una manera más tranquila y sin tantas inseguridades y creencias que, generalmente, conlleva la adolescencia.

7. La importancia del apoyo de un psicólogo en esta etapa

Hay casos en los que los padres no saben cómo actuar frente a un hijo adolescente. En esta situación, la orientación de un psicólogo puede ayudar a estos padres a superar mejor esta fase de su hijo y a construir una relación sana basada en el amor y la confianza.

Incluso existe la posibilidad de que el adolescente, los padres o ambas partes pasen por una terapia con un psicólogo. Esto ocurre cuando se vuelve muy rebelde, por ejemplo, y no puede hacer frente a las emociones. O peor aún, cuando se involucra en casos de violencia o consumo de drogas.

Es importante que los padres sean conscientes de que su hijo está sufriendo cambios perjudiciales y necesita ayuda. Cuanto antes reciba el apoyo de un psicólogo, más fácil será rescatar a su hijo de un problema mayor y duradero.

Vale la pena recordar que en las discusiones más cálidas y exaltadas – prepárense: ¡habrá muchos! -Es necesario tomar dosis extra de equilibrio, sentido común, tolerancia y respiraciones profundas. Los padres deben ser firmes, pero sin agresión. Lo recíproco es cierto.

Y para lograr esta serenidad y calidad en la relación, es ingenuo creer que ahora es el momento de construir una relación estrecha y segura con sus hijos. Como ya hemos dicho, si el trabajo se hace bien en la infancia, la adolescencia se enfrentará más fácilmente.

Si la sensación de impotencia persiste, la ayuda de un psicólogo será fundamental. Él guiará sobre cómo mejorar la comunicación, cómo aceptar los cambios que ocurren en esta etapa de la vida y cómo establecer lo que los padres pueden y deben esperar de sus hijos y viceversa.

Por último, es el profesional capacitado para actuar como intermediario, como moderador en las negociaciones que deben realizarse. Recordando que la terapia puede hacerse directamente con el adolescente o en formato híbrido con atención simultánea a los padres.

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